La Resonancia del Corazón Roto

el

Memorias de Elyon Valraeth, Archimago del Alba

Recuerdo aquel día con la claridad punzante de una daga en la carne vieja. Aunque han pasado siglos, el eco de lo que fui, de lo que perdí, aún tiñe cada fibra de mi ser. En vida fui Elyon Valraeth, archimago de la Torre del Alba, maestro de las corrientes arcanas, estudioso de la Esencia Pura. Y fui, sobre todo, un tonto enamorado.

En mi arrogancia, en mi afán de llevar la magia más allá del mero instrumento, forjé un artefacto que ningún otro osó siquiera imaginar: una fuente de magia viva. Lo llamé el Corazón de la Esencia Pura, y no fue simplemente una fuente de poder: era una extensión de mi alma, una vasija para mis recuerdos, mis sueños… y mi amor.

Ese amor tenía nombre: Caelum, mi aprendiz. Humano. Frágil. Efímero. Pero en su brevedad, más luminoso que mil años de luna élfica. Lo instruí en los misterios de la magia, lo guié a través de los sellos cantados de los sabios antiguos, y él… él me enseñó a reír de nuevo.

Pero incluso los lazos más profundos se tensan bajo el peso del poder. Había secretos que no compartí. Trazos del conjuro que dio vida al Corazón. Salvaguardas. Juramentos.

No sé en qué momento su lealtad se quebró. Quizás cuando comenzó a comprender lo que el Corazón realmente contenía. Tal vez cuando descubrió que, al destruirlo, podría absorber parte de su fuerza. O quizás nunca me amó como yo lo hice. Lo que sé es esto: Caelum me traicionó.

No fue una batalla gloriosa, sino una puñalada. No con acero, sino con intención. Manipuló los canales del Corazón desde dentro, usando su vínculo conmigo para crear una ruptura. Lo hizo con precisión. Con frialdad. Conociendo lo que significaría para mí.

Y cuando ocurrió… no fue una tormenta, no. Fue una lágrima.

Algo fundamental en la magia misma se quebró conmigo. El Corazón estalló en una reacción en cadena que cruzó planos, sacudió nodos arcanos y desestabilizó artefactos que jamás habían sido tocados por el tiempo. Los fragmentos del Corazón, aún vibrantes con mi pena, volaron en mil direcciones, fundiéndose con cualquier objeto que usara maga a través de todos los reinos.

Aquellos que los hallan sienten sus emociones cambiar. Se vuelven melancólicos, inestables, hambrientos de algo que no pueden nombrar. No pueden descansar en su intranquilidad. Es el eco de mi dolor, incrustado en cristal, metal, madera encantada.

Desde entonces, me conocen como la sombra del Alba. Y el evento que me arrancó de la vida se recuerda con reverencia o miedo: la Resonancia del Corazón Roto.

Yo no morí aquel día. Algo peor me ocurrió. Me convertí en el testigo eterno de la pérdida. En una advertencia. En un espectro con nombre y propósito, pero sin corazón. Un vestigio.

Y Caelum… que el mundo lo recuerde como desee. Yo lo recuerdo frente a mí, pidiendo perdón cuando comprendió lo que había desatado. Pero ya era demasiado tarde.

¡Dinos qué piensas!