B es por Beholder

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Para continuar con nuestro recorrido alfabético, nos adentramos en el territorio de uno de los iconos más reconocibles y temidos de toda la historia de Dungeons & Dragons. Si el Aboleth representaba el horror de las profundidades, el protagonista de hoy encarna la paranoia absoluta y el narcisismo elevado a niveles divinos. Con ustedes, el Ojo de la Tiranía Narcisista.

El Beholder, o Contemplador, es una de las pocas criaturas de D&D que no tiene un origen directo en la mitología clásica o el folclore medieval, sino que es un producto puro de la imaginación de los primeros creadores del juego. Apareció por primera vez en el suplemento Greyhawk de 1975, fruto de una idea de Terry Kuntz que Gary Gygax pulió para convertirlo en la pesadilla flotante que conocemos. Culturalmente, el Beholder explota el mito del «Mal de Ojo», pero lo lleva a un extremo biológico y mágico: una esfera de carne cubierta de ojos, cada uno capaz de alterar la realidad. Lo que lo hace único es su psicología; los Beholders son seres de una inteligencia prodigiosa pero consumidos por una xenofobia patológica. Para un Beholder, él es la culminación de la perfección, y cualquier otra criatura —incluyendo otros de su misma especie— es una aberración que debe ser destruida o esclavizada. Sus propios sueños son tan poderosos que pueden alterar el tejido del multiverso, llegando a «soñar» la existencia de otros Beholders cuando su paranoia alcanza un punto crítico.

Desde la perspectiva del jugador, enfrentarse a un Beholder bajo las reglas de 5e es un ejercicio de gestión de posicionamiento y economía de recursos. El cambio más significativo en la nueva edición es la manera en que el cono de antimagia interactúa con las renovadas capacidades de las clases. Los jugadores deben aprender a bailar en el límite de este cono; estar dentro significa que tus objetos mágicos y conjuros se apagan, pero estar fuera te expone a los letales rayos oculares. Con el nuevo sistema de maestrías de armas, los combatientes cuerpo a cuerpo tienen herramientas para intentar imponer condiciones que dificulten la movilidad del ojo tirano, pero deben tener cuidado, ya que muchas de las habilidades de 2024 dependen de una «reserva de energía» o rasgos mágicos que el ojo central puede anular. La estrategia ganadora suele implicar rodear a la criatura para obligarla a elegir a quién anular con su mirada central, mientras el resto del grupo aprovecha para descargar sus ataques más potentes desde los ángulos ciegos.

Para el Dungeon Master, el Beholder ofrece una oportunidad única para diseñar encuentros que desafíen la lógica tridimensional. Antes de que el combate comience, los sentidos de los aventureros deben percibir la distorsión que genera su presencia: un zumbido de estática satura el aire, erizando el vello de los brazos mientras el aroma metálico del ozono se mezcla con el hedor a carne vieja. El silencio de su guarida es interrumpido por un sonido húmedo y rítmico, el parpadeo constante de diez tallos oculares que se mueven con una independencia inquietante. La temperatura en el lugar fluctúa caprichosamente, pasando de un calor sofocante a un frío gélido en cuestión de pasos. Al describir al Beholder, no te limites a su forma; describe cómo las sombras parecen huir de su mirada y cómo la gravedad misma se siente «incorrecta» en su presencia. Un buen gancho narrativo puede involucrar a un Beholder que ha soñado con una versión de sí mismo hecha de metal y está secuestrando artífices para que conviertan su sueño en una realidad mecánica.

En el entorno de Eberron, los Beholders tienen un propósito mucho más siniestro vinculado a los Planos Exteriores. Muchos de ellos son sirvientes o manifestaciones de Belashyrra, el Lord de los Ojos, uno de los poderosos Daelkyr atrapados en Khyber. En este mundo, un Beholder no es solo un monstruo paranoico, es un fragmento de la locura de Xoriat, el Reino de la Demencia. Pueden aparecer como líderes de cultos del Dragón de Abajo, convencidos de que su mirada es la única forma de «ver» la verdadera realidad del mundo. En ciudades como Sharn, un Beholder podría ser el cerebro oculto detrás de un sindicato del crimen organizado, utilizando sus múltiples ojos para vigilar cada callejón y cada transacción ilegal, operando con una eficiencia que avergonzaría a cualquier organización mortal.

Este tirano ocular es idóneo para aventuras de infiltración en fortalezas imposibles, investigaciones de sectas que adoran la locura o encuentros de alto nivel donde los jugadores deben proteger un artefacto mágico que el Beholder desea anular o consumir. ¿Cómo han gestionado ustedes la paranoia de un Beholder en sus mesas? ¿Ha logrado alguno de sus jugadores derrotar a uno aprovechando el nuevo sistema de maestrías? Esperando que este artículo les haya sido de ayuda e inspiración, nos despedimos hasta mañana para una nueva entrega del Reto de la A a la Z, y hasta entonces les recomendamos que no pierdan de vista a sus enemigos.

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